Durmiendo en la barandilla 6


Hay pequeñas hendiduras desiguales que a veces se dejan notar en la planta de los pies. Pero lo habitual es disfrutar la sensación agradable de la piedra fría pero fuerte, consistente, segura, aunque limitada como su propia fisonomía decide. No es más que una barandilla, no es más ni menos. Un límite, una frontera, una separación entre un espacio seguro y otro desconocido, un espacio protegido y otro libre.

 

A este lado se ve allá, preciosa, elegante, la ciudad. Se intuye la vida en las calles y la historia en las piedras. El otro lado es albedrío, giros, esquinas, torres… no se sabe qué se puede uno encontrar al girar una calle, una plaza o simplemente la propia cabeza o la mirada. Da miedo. Desde aquí es mejor. Se ven sólo unos pocos trocitos moldeados conforme la piedra dibuja su silueta. No se disfruta completamente el paisaje pero es mejor. Seguro, es mejor. ¿Mejor o seguro? A veces dudo. Pero aquí sigo. Sentado y apoyando mi cabeza sobre la barandilla fuerte. Me permite mirar la aventura sin temblar.

 

A veces la piedra es pesada, un lastre, pero me sujeta.

– ¿Te retiene?

– No, me deja ver un poquito.

– ¿Un poquito?

– Sí, entre los barrotes, ya sabes.

– Pero así sólo ves lo que una piedra te deja ver.

– No, no, puedo ver también por arriba si me levanto.

– Si te levantas, la barandilla frena la mitad de tu cuerpo aunque la otra mitad quiera correr hacia el horizonte.

– Sí, pero me protege, así no me caigo.

– ¿No te caes, dónde?

– Al otro lado.

– Pero el otro lado te gusta, te parece divertido, te imaginas saltando, corriendo, conociendo otra gente, girando esquinas y descubriendo. La barandilla protege tu cuerpo pero frena tu ilusión.

– Bueno, está bien así. Es así como es.

– ¿Alguna vez has subido arriba?

– ¿Arriba?

– Sí, sobre la barandilla.

– Uy, no, es peligroso.

– ¿Cómo lo sabes si nunca has subido?

– No lo sé.

– Siente la piedra bajo tus pies, pisa con fuerza la separación. Elige. Ahora estás arriba. Puedes ver un lado y otro. Un lado cercano, conocido, controlado, al cuál entrar de un sencillo salto, sin un rasguño, aunque a veces un poco aburrido, en ocasiones asfixiante. Al otro lado, un salto enorme, tan alto que da vértigo. Tan desconocido como deseado, tan atractivo como diferente. Sigue andando, sigue adelante, estás en el límite, en la frontera entre quién eres y quién eres. Sí, porque los dos lados eres tú, todo depende de cómo te mires, desde fuera o desde dentro. Como este mirador, como cualquier otro balcón. Lo difícil es mantenerse en la barandilla. Hay que tener mucho equilibrio, mucha conciencia, no bajar la guardia ni por un momento, ni de día ni de noche. Es cansado, tanto que muchos caen de puro agotamiento hacia un lado, normalmente el más seguro aunque sea el más aburrido. Otros, los menos, hacia el precipicio, que no la muerte, sino lo desconocido. Los menos porque sólo son los que acaban dormidos sobre la barandilla, los que pierden el miedo a la altura y se dejan llevar por el inconsciente y los sueños, porque si lo piensas, no duermes y si no duermes no sueñas. En el sueño no hay nada, ni espacio, ni tiempo, ni dinero, ni prejuicios, ni pereza, ni miedo, ni arrepentimiento, ni soledad…. Sólo tú y tú mismo. ¿Qué tal si dormimos esta noche aquí?

– ¿En la barandilla?

– Sí, probemos.

– ¿Quiénes, tú y yo?

– No, tú y tú. Quizá al despertar estemos en otro lado.

 

Para Andrea, que me descubrió esta bonita foto de Florencia.


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6 thoughts on “Durmiendo en la barandilla

  • Ivan

    Bonito relato, me gusta la figura de la barandilla y demás para representar los conflictos que muchas personas tenemos en cuanto al cambiar o no ciertas cosas de nuestras vidas, me siento identificado con el relato pero siempre hay que seguir creciendo, el unico pez que no nada contra corriente es el pez que esta muerto, hay que saltar siempre al otro lado

  • Marcos Vanacloig

    Maravillosa metáfora. Me ha encantado! Esta frase es super potente: «Sigue andando, sigue adelante, estás en el límite, en la frontera entre quién eres y quién eres. Sí, porque los dos lados eres tú, todo depende de cómo te mires, desde fuera o desde dentro.» Enorme.

  • Andrea

    La metáfora es la mejor manera para explicar conceptos difíciles en poca líneas de texto.
    Un escritor romano de finales del siglo XIX que se llamaba Trilussa sólo utilizaba metáforas para sus poemas e historias.
    Es muy popular en Italia porque con sus metáforas, principalmente sobre los animales, explicó muchos aspectos de la vida.
    Lo usan por su sencillez en las escuelas.
    Me gustó mucho tu historia!