Acariciarla


Hace frío y la hierba está húmeda. Cada vez que ando, cada vez que piso, se oye un chasquido, se marca mi huella, y me quedo mirando abajo, como si esa pisada hubiera roto la armonía del camino. Y así es. Rompe la tierra y rompe el silencio. Pero sigo, avanzo, con la nariz fría por el rocío. Observo a lo lejos la senda serpenteando las colinas y perdiéndose lejos. Sé que está cerca y sabe que estoy llegando. Es lista, muy lista y tiene hambre. Sabe que he vuelto como cada sábado por la mañana. Y yo sé que lo sabe, por eso vuelvo. Me gustaría encontrarme de nuevo con sus ojos. Azules, tan profundos e intensos, peligrosos, hipnóticos pero sinceros. Sigo trotando con interés por calentar mis músculos y disfrutar del viento suave sobre mi cara. La cabeza tapada con gorro de lana. No oigo bien el entorno porque las orejas están cubiertas pero sí percibo bien mi propia respiración al correr y mis propios látidos al pensar que puedo llegar a tocarla, a mirarla frente a frente y decirle que no tengo miedo. Sólo quiero verla y que me vea, que me huela, que me sienta. Es imposible que no recuerde.

 

Me acerco al final, a la vuelta del camino y oigo su voz. Ya sabe que estoy aquí y quiere que sepa que lo sé. Pero no se muestra. ¿Por qué? ¿Quién de los dos tiene más miedo? ¿Quién es más listo? Sigo corriendo hacia su sonido. Es como un cantar dulce pero desconfiado. Igual que mi carrera, de ritmo lento y dudoso. Aún así cada vez se la oye más cerca, tanto que percibo sus pasos. Se mueve entre la hierba pero no sé distinguir por qué lado exacto. Miro alrededor. Busco entre los cercados. Pero no la veo. Intento agudizar la vista y tapar con la mano los reflejos. Sigo sin verla pero de repente la noto. Roza mi pierna. Miro hacia abajo. Y ahí está, acariciando mi pantorrilla. Es ella, aquél pequeño cachorrillo de zorro hecho madre, de fauces fieras y ojos amenazantes, que defiende su colina y su camino, que no recuerda mis cariños. La vida, en los animales como en las personas, borra más que llena, muerde más que besa. Pero es precioso acariciarla. Como a ella.

 

Thank you to Perons for giving me his hills as a present in this beautiful pic.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *