El puente 1


Hoy me han regalado este puente que cruza a la otra orilla. Es pequeño e incierto. Lo veo de lejos. A este lado sobrevivo en compañía de las hojas que me acarician cada mañana, que me acompañan con susurros de viento y me recuerdan que hay un lecho dulce para mí, allí, siempre. Aunque finalmente cruce el puente para volver, en esta orilla siempre estarán ellas, jugando a girar, subir y bajar y volver a rodar, así, día tras día. En esta orilla el tiempo se cuenta con el color de los árboles y el calor de sus hojas. No hay nada más que hacer o sentir. No hay que vivir.

 

Me siento un momento sobre la tierra húmeda y observo de nuevo el puente. No parece fuerte. No quiero cruzarlo. Esta orilla gris quizá esta triste y agrietada, pero me abraza. La otra se esconde bajo un sendero sin fin y parece llena de montañas. Estoy muy cansada para subir montañas de nuevo. No, me quedo.

 

Bajo la cabeza. Cierro los ojos. Se enciende rápida mi imagen sobre una de esas montañas. Es muy alta. Da vértigo pero hay un horizonte tan amplio que dan ganas de saltar al vacío para cruzarlo. Dan ganas pero también miedo. Da igual, sólo es un sueño, así que salto. Y en el salto me siento flotar, parece que el aire es más denso en la otra orilla y nunca deja que caigas. Te mece. Es una sensación agradable, es un cariño transparente, éste, el del aire. Sigo con los ojos cerrados y se escapa una leve sonrisa. Los abro y veo el puente. Sin pensar, cojo un hoja y la guardo en mi bolsillo. Apoyo la palma en la tierra gris y digo gracias. Me levanto y voy hacia el pequeño puente.

 

Dedicado a Mari por ser tan fuerte y a Marcos por esa bella fotografía.


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un comentario en “El puente

  • Lina

    Es la pura imagen que tengo en la mente del Otoño. La foto y el relato que lo acompaña. Esos colores, ese río, ese puente pequeño y cubierto de hojas. ¿Será porque es una estación puente en la que nunca esperas que pase nada? Sólo que te lleve al invierno.
    Sigue escribiendo Raquel.